domingo, 27 de octubre de 2013

Estética y emoción

Qué grande es el fútbol cuando hay dos equipos que quieren ganar el partido y un estadio con solera lleno de público. Todo el mundo hablaba esta tarde de que estábamos viendo un partido de Primera División. Creo que se equivocaban, ya no se pueden definir los encuentros por la categoría sino por la rivalidad o la intensidad del juego. Yo hace tiempo que dejé de seguir casi todos los partidos de Primera División. En la vida me voy a emocionar con un Getafe-Levante o un Almería-Villarreal. En cambio, siempre vibrará algo cuando encuentre en algún calendario un Sporting de Gijón-Unión Deportiva de Las Palmas. El fútbol, como el vino, también es memoria, y en esos partidos aparecen Quini, Enzo Ferrero, Ciriaco, Uría o Castro jugando contra Germán, Brindisi, Carnevali o Morete.
Uno rememora subcampeonatos de Liga, semifinales de Copa y, en mi caso, un equipo de cajas de fósforos que aún me sé de carrerilla. Siempre me ha gustado el Sporting, y de alguna manera su destino lo emparento mucho con el de la Unión Deportiva. Hoy ganamos dos a tres en El Molinón en el que creo que será el encuentro que cambiará por completo el destino futuro de los amarillos. Ganamos el partido y también la confianza con la que luego se termina venciendo en otros encuentros igual de complicados. Hartos de tanta especulación, y no digamos de la mercadotecnia de esos derbis galácticos que si acaso emocionan en Singapur o en Ankara, agradecemos esta vuelta a la esencia del fútbol y de su memoria más cercana. Nunca será lo que otros quieren que veamos, y eso que hoy, en una decisión que atenta contra cientos de partidos históricos, alguien entendió que el equipaje amarillo podría prestarse a confusión con el rojiblanco. Escuché decir que por los pantalones azules. A veces los árbitros también contribuyen a cargarse la estética del espectáculo. Porque el fútbol es eso, estética y emoción, da lo mismo el orden.




sábado, 19 de octubre de 2013

Once

El otro día cogí un taxi para ir al estadio de Gran Canaria a ver el partido de Copa entre la Unión Deportiva y el Hércules. El taxista era muy espiritual y poco futbolero. No entendía cómo podía gustarme un espectáculo en el que varios hombres corren detrás de un balón perseguidos por un árbitro. Yo traté de explicarle que a veces no es lo que vemos lo que realmente estamos mirando. Le pregunté si había ido mucho al fútbol cuando era niño y me dijo que no porque su padre odiaba ese deporte. No perdí el tiempo en buscar más argumentos. Iba a ver al Hércules y mientras él hablaba yo recordaba a Giuliano o al Tigre Barrios. Siempre me ha caído muy bien el Hércules, quizá, al igual que el Español, tenga que ver algo su equipaje, aunque luego llegué al estadio y me encontré una de esas camisetas con las que los equipos se están cargando buena parte de la épica de la que vive el fútbol, o de la que luego se nutre cuando carecemos de respuestas racionales.
El taxista sí me dijo que creía mucho en la numerología y que me había recogido en un edificio con el número once, que su licencia acababa en ese número y que nos habíamos tropezado cinco matrículas que incluían esos dígitos. Yo le iba a contestar que si hubiera buscado el treinta y tres o el diecinueve también los habría encontrado, pero no quise polemizar. Pagué, entré al estadio y como la zona en la que me siento estaba medio vacía cambié de asiento. Cuando me quise dar cuenta estaba en el número once y esbocé una sonrisa al tiempo que Las Palmas marcaba su primer gol. El taxista me explicó que ese era un número mágico que por lo visto abría las puertas del universo. Si coincidiera con él le diría que a lo mejor el fútbol también está emparentado con la numerología. Tal vez buena parte de la magia de ese deporte tenga que ver con que sean once, y no ocho o dieciséis, los jugadores que saltan al campo a improvisar nuestros propios sueños.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Cambio de piel

Hoy llega el otoño, y de alguna manera cambiará nuestra mirada. Tendremos algo más de frío a última hora de la tarde y en la madrugada ya no dejaremos los pies a la intemperie fuera de las sábanas. Hoy también parece que la Unión Deportiva ha cambiado la piel que empezó a renovar la pasada semana. La llegada de los nuevos fichajes ha sido clave, tanto por lo que aportan al equipo como por lo que han influido en los que ya estaban pero no veíamos por ninguna parte. Contamos con solidez defensiva, algo esencial para cualquier proyecto que se pretenda poner en marcha en Segunda División, y en el centro del campo no tenemos nada que envidiar a la mayoría de los equipos de Primera. Lo de Masoud son palabras mayores. Nos ha tocado la lotería con ese fichaje, y solo había que ver cómo despidieron hoy en Girona a Juan Carlos Valerón para saber lo que aporta y el empaque que ha venido a darle a la Unión Deportiva Las Palmas.
Ganamos cero a dos donde el año pasado nos ridiculizaron con una vergonzante goleada. Y de nuevo queda claro que tenemos neuronas futboleras en el banquillo. Si dejamos trabajar a Lobera, no habrá suerte que impida que sigamos mejorando. Así es el fútbol, lo que parece negro se vuelve de repente blanco, y en un visto y no visto te despreocupas de mirar la clasificación por debajo y empiezas a hacer toda clase de cábalas para ver cuánto nos puede quedar para estar en lo más alto. Creo que ahora sí tenemos equipo para plantear todos los retos que queramos.


domingo, 15 de septiembre de 2013

Aparecieron los cimientos

La Unión Deportiva Las Palmas ya no se parece a cualquiera de los equipos de fútbol que improvisábamos en el patio del colegio o con dos piedras en cualquier descampado. La llegada de un delantero como Aranda, de un organizador como Apoño, de un estilete como Masoud, y la irrupción de dos laterales experimentados y con espíritu atacante como Xabi Castillo –partidazo el suyo- y Ángel López, cambian todo el panorama y mejora notablemente la perspectiva que vislumbramos para esta temporada.
De alguna manera espantamos el miedo; pero no está la cosa como para tirar tracas en ninguna parte. Sigo echando de menos a la cantera. No entiendo por qué Asdrúbal no entró mucho antes o por qué no se le da una oportunidad a jugadores como Artiles o Herrera. Lo bueno de todo esto es la amplitud de la plantilla, la solvencia, sobre todo en defensa, y los buenos momentos que nos pueden regalar estos jugadores desde que hagan su particular pretemporada y se conozcan un poco más cuando se mueven por el campo. También hay que tener en cuenta que el Jaén no es nada del otro jueves; pero tampoco lo eran el Eibar o el Mirandés y no fuimos capaces de hacer nada en noventa minutos.
Los que no veíamos claro la llegada de esos refuerzos de última hora creo que tenemos que admitir que son unos excelentes fichajes que ayudan a solventar muchos de los defectos que evidenciaba el equipo hasta este momento; pero perdonen que siga siendo reincidente con la reivindicación de la cantera. Me gustaría comprobar que en casi todos los encuentros se convoca a algún jugador del filial. Se lo están mereciendo y creo que no hay razón para que se les siga cerrando el paso. Aprovechemos la veteranía que tiene ahora mismo Las Palmas para que los canteranos se sientan arropados y vayan integrándose poco a poco en el primer equipo. De repente estamos todos un poco más ilusionados con la Unión Deportiva. Eso sí, quien no falla nunca es la afición. Más de diez mil personas nuevamente en un domingo con tele en directo. Como hace años que nos conformamos con muy poco para ilusionarnos, a partir de hoy ya volvemos a plantar los más bellos sueños. ¿Castillos en el aire? No entenderíamos la vida sin ellos; pero por lo menos esta vez han aparecido los cimientos que no encontrábamos por ninguna parte.


PD: Quisiera hacer pública la queja de los cientos de aficionados que se vieron atrapados en el acceso peatonal al cementerio de San Lázaro. Se vivieron momentos complicados por el acceso individual a través de una batalla llena de hierros que hubo de ser atravesada por personas mayores y padres con niños pequeños. No sucedió ninguna desgracia gracias al civismo de los aficionados, pero hubo mucho riesgo de avalancha o de caída masiva. Si no se puede pasar por ahí que cierren completamente el acceso, y si se puede que se habilite un espacio más seguro. Tengo fotos de lo sucedido por si algún interesado tuviera interés en comprobar la veracidad de lo que cuento.



sábado, 24 de agosto de 2013

Jugando a nada

El fútbol es un juego, y se entiende que los juegos nacieron para entretener y para divertir a los que juegan y a quienes siguen esas jugadas. Aceptamos la victoria o la derrota, pero lo que nunca admitimos es el aburrimiento y la pérdida de tiempo. Llevamos dos partidos y casi no hemos tirado a la portería del equipo contrario. Hoy en Mendizorroza la Unión Deportiva Las Palmas volvió a jugar a nada, porque siempre se acaba jugando a nada cuando no hay verticalidad ni remate. Espero que se acuda a la cantera o que se fiche con más coherencia para evitar las actuales descompensaciones. Así no vamos a ninguna parte, y no hace falta ser ningún Menotti para darse cuenta de las numerosas lagunas que presenta ahora mismo el equipo amarillo. Queda toda la temporada, y por supuesto que hay tiempo para la enmienda y el cambio. Lo lamentable es que hayamos llegado a este comienzo destrozando todo lo que tanto costó construir el año pasado. Este empate nos permite sumar el primer punto, pero no creo que haya nadie que se atreva a sacar pecho después de lo que hemos visto esta tarde. Sin ánimo de divertir y sin capacidad para jugar al ataque solo conseguiremos merodear las zonas más mediocres o más peligrosas de la tabla clasificatoria.



sábado, 17 de agosto de 2013

Mucho humo

Las consecuencias del calor no sabes nunca dónde terminan apareciendo. Hoy lo más ocurrente es hablar del bochorno que hemos sufrido en Canarias. A ninguno nos hubiera gustado estar en la piel de los jugadores que saltaron al césped del Gran Canaria. Ya eso tiene todo el mérito del mundo, como también es meritoria la asistencia de diez mil espectadores que acudieron para estar con su equipo en el estreno liguero cuando tenían la opción de ver el partido en la televisión. No era un buen día para un estreno, ni una buena hora, ni tampoco un buen estadio, desangelado con el calor y con el frío, lejano y aséptico, como si estuviera siempre en medio de ninguna parte. Todo lo demás fue tedio y decepción.
No se puede valorar nada en noventa minutos, o igual sí, porque lo que vimos hoy no nos ha gustado nada. El equipo ha perdido potencial, está descompensado, con muchos jugadores en algunos puestos como el lateral izquierdo y con ausencia absoluta de rematadores y de delanteros centros. Valerón es Valerón y dejó detalles que justifican su presencia en el equipo, pero si no hay equipo no hay pase de Valerón que tenga sentido. Espero que lo de hoy (0-1 contra el Deportivo de La Coruña) haya sido solo un mal sueño pasajero. Lo que vimos fue humo, bruma que no dejaba apreciar casi nada bueno en la Unión Deportiva. Confío en que se disipe pronto esa primera impresión y que nos encontremos con un equipo conjuntado en los próximos encuentros. Si no es así lo pasaremos muy mal esta temporada. Una primera jornada da para lo que da; pero el pasado año, tras la victoria en Santander, casi creíamos que éramos el Barça de Guardiola. Luego vimos que no era para tanto. Hoy tampoco creo que podamos decir que tenemos uno de esos equipos sin personalidad ni filosofía definida. Quiero pensar que el calor nos jugó una mala pasada. En el banquillo sigue Lobera, por tanto se entiende que estamos en manos de alguien que sabe mucho de fútbol. Lo defendí el pasado año cuando estábamos hundidos y lo vuelvo a defender a pesar de este varapalo inicial. Lo que no sé es si ha dependido de él la confección de la actual plantilla. Le encuentro muchas lagunas y peligrosas incapacidades. El portero visitante apenas tuvo que intervenir durante el partido. Todo era demasiado previsible, balones fáciles o centros que no encontraban más que defensas coruñeses por todas partes. Incluso con un jugador menos fue el equipo visitante el que llevó las riendas del juego. Muchas dudas para un día excesivamente caluroso. Demasiado humo para tantas y tantas planificaciones.















martes, 16 de julio de 2013

Un final perfecto

Las buenas historias dependen casi siempre de los finales. Y además suelen ser cíclicas y contienen todo lo que uno espera de la vida cuando se escribe como si estuviéramos soñando con ella. Juan Carlos Valerón logró tocar el cielo con la camiseta blanquiazul del Deportivo de La Coruña; pero no hay foto que iguale a la de aquel flaco que un día logró detener el tiempo en el Estadio Insular. Bastaba con verlo correr para saber que a su alrededor iba a suceder algo inesperado. Nos ha pasado muchas veces con numerosos futbolistas canarios; pero luego los años, la mala vida o la mala suerte han ido dejando demasiados juguetes rotos que no lograron lo que prometían los prodigios de sus primeros encuentros. Ese azar truncó la carrera de Miguel Ángel Valerón una malhadada tarde copera en la que todavía resuena el crujido de un sueño hecho añicos por la violencia desmedida de un defensa. No solo basta con el talento para llegar cada día más lejos. Juan Carlos aprendió con el destino de su hermano. Tuvo claro que la suerte jugaba en todos los partidos, pero también intuyó que solo con humildad, con paciencia y con esfuerzo se puede superar cualquier reto. A partir de ahí todo lo que fue haciendo se asemejó a uno de esos cuadros en los que parece que alguien ha logrado trazar lo que los demás ni siquiera vemos.
El tiempo, aunque parezca mentira, se detenía unos segundos cada vez que el balón llegaba a sus piernas. Lo demás era magia, esa magia impredecible que define a los grandes jugadores de la historia del fútbol. Aprendió a luchar y a no venirse abajo, se rehizo tras los fracasos y volvió una y otra vez rebelándose contra sus propias rodillas. Yo no he disfrutado tanto viendo fútbol como cuando seguí aquellos partidos de Juan Carlos Valerón en la Liga de Campeones o como cuando jugaba con la selección española.
Posiblemente me haya cegado más de una vez el paisanaje, pero presumo de haber visto mucho fútbol con los ojos de quien siempre ha deseado disfrutar como cuando era niño e idolatraba a mis ídolos como jamás he vuelto a idolatrar nunca a nadie. Para mí, por mucho que me digan, Brindisi, Felipe, Germán o Carnevali jamás podrán ser humanos. Ya luego de mayor te das cuenta de que los jugadores son mucho más jóvenes que tú o que si los sigues un poco no hay mucho que admirar ni siquiera cuando están jugando. Pero con Valerón sí que volvía a sentir lo que vivía de niño cuando veía a Cruyff, a Kempes, a López Ufarte o a Enzo Ferrero corriendo sobre el césped de un estadio que jamás morirá en mi memoria más sagrada. Cumplía todos mis sueños cuando lo veía mover el balón, cuando regateaba o cuando daba uno de aquellos pases imposibles que hacían grandes a delanteros que luego languidecían a medida se alejaban de su lado. Le recuerdo en el estadio del Arsenal, en el del Bayern, en Old Trafford, en Milán, en el Bernabéu o en el Nou Camp. Y ya no era solo yo el que le admiraba. Toda Europa se rindió a su talento y hasta el mismísimo Pelé, que se entiende que sabe mucho de esto, lo situó un día entre esos elegidos que han logrado que la alquimia también forme parte del juego.
Ahora regresa adonde empezó todo. Si yo escribiera su historia hubiera intentado que ese hubiera sido su final perfecto. El fútbol no se juega solo con las piernas. Si fuera así todos estaríamos invitados a la fiesta. Hay algo más, eso que no es posible nombrar porque queda fuera de todas las lógicas y de todas las coherencias. Los gitanos lo llaman duende y los italianos maniera. No es solo inspiración. Cuando veamos otra vez a Valerón levantando la cabeza con la camiseta amarilla acabaremos comprendiendo que el fútbol es algo más que un juego. Ustedes me entienden, y si no me entienden les invito a que acudan al estadio de Gran Canaria a verlo. No creo que venga a la Unión Deportiva Las Palmas por dinero. Si hubiera sido así se habría marchado a otras aventuras más lejanas y mejor remuneradas. Vuelve porque quiere que el principio y el final de su leyenda tengan el color que tenían de niño sus sueños futboleros. Cualquiera de nosotros, si hubiéramos tenido su suerte, habría hecho exactamente lo mismo. Por eso lo admiramos tanto. Porque de alguna manera ha sabido cumplir nuestros propios sueños.

(Este texto fue publicado hoy en el periódico Canarias 7)