domingo, 22 de septiembre de 2013

Cambio de piel

Hoy llega el otoño, y de alguna manera cambiará nuestra mirada. Tendremos algo más de frío a última hora de la tarde y en la madrugada ya no dejaremos los pies a la intemperie fuera de las sábanas. Hoy también parece que la Unión Deportiva ha cambiado la piel que empezó a renovar la pasada semana. La llegada de los nuevos fichajes ha sido clave, tanto por lo que aportan al equipo como por lo que han influido en los que ya estaban pero no veíamos por ninguna parte. Contamos con solidez defensiva, algo esencial para cualquier proyecto que se pretenda poner en marcha en Segunda División, y en el centro del campo no tenemos nada que envidiar a la mayoría de los equipos de Primera. Lo de Masoud son palabras mayores. Nos ha tocado la lotería con ese fichaje, y solo había que ver cómo despidieron hoy en Girona a Juan Carlos Valerón para saber lo que aporta y el empaque que ha venido a darle a la Unión Deportiva Las Palmas.
Ganamos cero a dos donde el año pasado nos ridiculizaron con una vergonzante goleada. Y de nuevo queda claro que tenemos neuronas futboleras en el banquillo. Si dejamos trabajar a Lobera, no habrá suerte que impida que sigamos mejorando. Así es el fútbol, lo que parece negro se vuelve de repente blanco, y en un visto y no visto te despreocupas de mirar la clasificación por debajo y empiezas a hacer toda clase de cábalas para ver cuánto nos puede quedar para estar en lo más alto. Creo que ahora sí tenemos equipo para plantear todos los retos que queramos.


domingo, 15 de septiembre de 2013

Aparecieron los cimientos

La Unión Deportiva Las Palmas ya no se parece a cualquiera de los equipos de fútbol que improvisábamos en el patio del colegio o con dos piedras en cualquier descampado. La llegada de un delantero como Aranda, de un organizador como Apoño, de un estilete como Masoud, y la irrupción de dos laterales experimentados y con espíritu atacante como Xabi Castillo –partidazo el suyo- y Ángel López, cambian todo el panorama y mejora notablemente la perspectiva que vislumbramos para esta temporada.
De alguna manera espantamos el miedo; pero no está la cosa como para tirar tracas en ninguna parte. Sigo echando de menos a la cantera. No entiendo por qué Asdrúbal no entró mucho antes o por qué no se le da una oportunidad a jugadores como Artiles o Herrera. Lo bueno de todo esto es la amplitud de la plantilla, la solvencia, sobre todo en defensa, y los buenos momentos que nos pueden regalar estos jugadores desde que hagan su particular pretemporada y se conozcan un poco más cuando se mueven por el campo. También hay que tener en cuenta que el Jaén no es nada del otro jueves; pero tampoco lo eran el Eibar o el Mirandés y no fuimos capaces de hacer nada en noventa minutos.
Los que no veíamos claro la llegada de esos refuerzos de última hora creo que tenemos que admitir que son unos excelentes fichajes que ayudan a solventar muchos de los defectos que evidenciaba el equipo hasta este momento; pero perdonen que siga siendo reincidente con la reivindicación de la cantera. Me gustaría comprobar que en casi todos los encuentros se convoca a algún jugador del filial. Se lo están mereciendo y creo que no hay razón para que se les siga cerrando el paso. Aprovechemos la veteranía que tiene ahora mismo Las Palmas para que los canteranos se sientan arropados y vayan integrándose poco a poco en el primer equipo. De repente estamos todos un poco más ilusionados con la Unión Deportiva. Eso sí, quien no falla nunca es la afición. Más de diez mil personas nuevamente en un domingo con tele en directo. Como hace años que nos conformamos con muy poco para ilusionarnos, a partir de hoy ya volvemos a plantar los más bellos sueños. ¿Castillos en el aire? No entenderíamos la vida sin ellos; pero por lo menos esta vez han aparecido los cimientos que no encontrábamos por ninguna parte.


PD: Quisiera hacer pública la queja de los cientos de aficionados que se vieron atrapados en el acceso peatonal al cementerio de San Lázaro. Se vivieron momentos complicados por el acceso individual a través de una batalla llena de hierros que hubo de ser atravesada por personas mayores y padres con niños pequeños. No sucedió ninguna desgracia gracias al civismo de los aficionados, pero hubo mucho riesgo de avalancha o de caída masiva. Si no se puede pasar por ahí que cierren completamente el acceso, y si se puede que se habilite un espacio más seguro. Tengo fotos de lo sucedido por si algún interesado tuviera interés en comprobar la veracidad de lo que cuento.



sábado, 24 de agosto de 2013

Jugando a nada

El fútbol es un juego, y se entiende que los juegos nacieron para entretener y para divertir a los que juegan y a quienes siguen esas jugadas. Aceptamos la victoria o la derrota, pero lo que nunca admitimos es el aburrimiento y la pérdida de tiempo. Llevamos dos partidos y casi no hemos tirado a la portería del equipo contrario. Hoy en Mendizorroza la Unión Deportiva Las Palmas volvió a jugar a nada, porque siempre se acaba jugando a nada cuando no hay verticalidad ni remate. Espero que se acuda a la cantera o que se fiche con más coherencia para evitar las actuales descompensaciones. Así no vamos a ninguna parte, y no hace falta ser ningún Menotti para darse cuenta de las numerosas lagunas que presenta ahora mismo el equipo amarillo. Queda toda la temporada, y por supuesto que hay tiempo para la enmienda y el cambio. Lo lamentable es que hayamos llegado a este comienzo destrozando todo lo que tanto costó construir el año pasado. Este empate nos permite sumar el primer punto, pero no creo que haya nadie que se atreva a sacar pecho después de lo que hemos visto esta tarde. Sin ánimo de divertir y sin capacidad para jugar al ataque solo conseguiremos merodear las zonas más mediocres o más peligrosas de la tabla clasificatoria.



sábado, 17 de agosto de 2013

Mucho humo

Las consecuencias del calor no sabes nunca dónde terminan apareciendo. Hoy lo más ocurrente es hablar del bochorno que hemos sufrido en Canarias. A ninguno nos hubiera gustado estar en la piel de los jugadores que saltaron al césped del Gran Canaria. Ya eso tiene todo el mérito del mundo, como también es meritoria la asistencia de diez mil espectadores que acudieron para estar con su equipo en el estreno liguero cuando tenían la opción de ver el partido en la televisión. No era un buen día para un estreno, ni una buena hora, ni tampoco un buen estadio, desangelado con el calor y con el frío, lejano y aséptico, como si estuviera siempre en medio de ninguna parte. Todo lo demás fue tedio y decepción.
No se puede valorar nada en noventa minutos, o igual sí, porque lo que vimos hoy no nos ha gustado nada. El equipo ha perdido potencial, está descompensado, con muchos jugadores en algunos puestos como el lateral izquierdo y con ausencia absoluta de rematadores y de delanteros centros. Valerón es Valerón y dejó detalles que justifican su presencia en el equipo, pero si no hay equipo no hay pase de Valerón que tenga sentido. Espero que lo de hoy (0-1 contra el Deportivo de La Coruña) haya sido solo un mal sueño pasajero. Lo que vimos fue humo, bruma que no dejaba apreciar casi nada bueno en la Unión Deportiva. Confío en que se disipe pronto esa primera impresión y que nos encontremos con un equipo conjuntado en los próximos encuentros. Si no es así lo pasaremos muy mal esta temporada. Una primera jornada da para lo que da; pero el pasado año, tras la victoria en Santander, casi creíamos que éramos el Barça de Guardiola. Luego vimos que no era para tanto. Hoy tampoco creo que podamos decir que tenemos uno de esos equipos sin personalidad ni filosofía definida. Quiero pensar que el calor nos jugó una mala pasada. En el banquillo sigue Lobera, por tanto se entiende que estamos en manos de alguien que sabe mucho de fútbol. Lo defendí el pasado año cuando estábamos hundidos y lo vuelvo a defender a pesar de este varapalo inicial. Lo que no sé es si ha dependido de él la confección de la actual plantilla. Le encuentro muchas lagunas y peligrosas incapacidades. El portero visitante apenas tuvo que intervenir durante el partido. Todo era demasiado previsible, balones fáciles o centros que no encontraban más que defensas coruñeses por todas partes. Incluso con un jugador menos fue el equipo visitante el que llevó las riendas del juego. Muchas dudas para un día excesivamente caluroso. Demasiado humo para tantas y tantas planificaciones.















martes, 16 de julio de 2013

Un final perfecto

Las buenas historias dependen casi siempre de los finales. Y además suelen ser cíclicas y contienen todo lo que uno espera de la vida cuando se escribe como si estuviéramos soñando con ella. Juan Carlos Valerón logró tocar el cielo con la camiseta blanquiazul del Deportivo de La Coruña; pero no hay foto que iguale a la de aquel flaco que un día logró detener el tiempo en el Estadio Insular. Bastaba con verlo correr para saber que a su alrededor iba a suceder algo inesperado. Nos ha pasado muchas veces con numerosos futbolistas canarios; pero luego los años, la mala vida o la mala suerte han ido dejando demasiados juguetes rotos que no lograron lo que prometían los prodigios de sus primeros encuentros. Ese azar truncó la carrera de Miguel Ángel Valerón una malhadada tarde copera en la que todavía resuena el crujido de un sueño hecho añicos por la violencia desmedida de un defensa. No solo basta con el talento para llegar cada día más lejos. Juan Carlos aprendió con el destino de su hermano. Tuvo claro que la suerte jugaba en todos los partidos, pero también intuyó que solo con humildad, con paciencia y con esfuerzo se puede superar cualquier reto. A partir de ahí todo lo que fue haciendo se asemejó a uno de esos cuadros en los que parece que alguien ha logrado trazar lo que los demás ni siquiera vemos.
El tiempo, aunque parezca mentira, se detenía unos segundos cada vez que el balón llegaba a sus piernas. Lo demás era magia, esa magia impredecible que define a los grandes jugadores de la historia del fútbol. Aprendió a luchar y a no venirse abajo, se rehizo tras los fracasos y volvió una y otra vez rebelándose contra sus propias rodillas. Yo no he disfrutado tanto viendo fútbol como cuando seguí aquellos partidos de Juan Carlos Valerón en la Liga de Campeones o como cuando jugaba con la selección española.
Posiblemente me haya cegado más de una vez el paisanaje, pero presumo de haber visto mucho fútbol con los ojos de quien siempre ha deseado disfrutar como cuando era niño e idolatraba a mis ídolos como jamás he vuelto a idolatrar nunca a nadie. Para mí, por mucho que me digan, Brindisi, Felipe, Germán o Carnevali jamás podrán ser humanos. Ya luego de mayor te das cuenta de que los jugadores son mucho más jóvenes que tú o que si los sigues un poco no hay mucho que admirar ni siquiera cuando están jugando. Pero con Valerón sí que volvía a sentir lo que vivía de niño cuando veía a Cruyff, a Kempes, a López Ufarte o a Enzo Ferrero corriendo sobre el césped de un estadio que jamás morirá en mi memoria más sagrada. Cumplía todos mis sueños cuando lo veía mover el balón, cuando regateaba o cuando daba uno de aquellos pases imposibles que hacían grandes a delanteros que luego languidecían a medida se alejaban de su lado. Le recuerdo en el estadio del Arsenal, en el del Bayern, en Old Trafford, en Milán, en el Bernabéu o en el Nou Camp. Y ya no era solo yo el que le admiraba. Toda Europa se rindió a su talento y hasta el mismísimo Pelé, que se entiende que sabe mucho de esto, lo situó un día entre esos elegidos que han logrado que la alquimia también forme parte del juego.
Ahora regresa adonde empezó todo. Si yo escribiera su historia hubiera intentado que ese hubiera sido su final perfecto. El fútbol no se juega solo con las piernas. Si fuera así todos estaríamos invitados a la fiesta. Hay algo más, eso que no es posible nombrar porque queda fuera de todas las lógicas y de todas las coherencias. Los gitanos lo llaman duende y los italianos maniera. No es solo inspiración. Cuando veamos otra vez a Valerón levantando la cabeza con la camiseta amarilla acabaremos comprendiendo que el fútbol es algo más que un juego. Ustedes me entienden, y si no me entienden les invito a que acudan al estadio de Gran Canaria a verlo. No creo que venga a la Unión Deportiva Las Palmas por dinero. Si hubiera sido así se habría marchado a otras aventuras más lejanas y mejor remuneradas. Vuelve porque quiere que el principio y el final de su leyenda tengan el color que tenían de niño sus sueños futboleros. Cualquiera de nosotros, si hubiéramos tenido su suerte, habría hecho exactamente lo mismo. Por eso lo admiramos tanto. Porque de alguna manera ha sabido cumplir nuestros propios sueños.

(Este texto fue publicado hoy en el periódico Canarias 7)

lunes, 17 de junio de 2013

Pasar página

La victoria o la derrota importan poco al día siguiente. Lo que queda es el intento y la experiencia de lo que se vive. Cuando se gana se disfruta tanto que olvidamos las filosofías; en cambio la derrota nos sirve para relativizar todas las competiciones y para saber que lo que vale no son los logros sino los intentos. Al día siguiente, ganadores y perdedores volverán a empezar de nuevo acumulando recuerdos. A veces incluso es mejor perder que ganar si queremos valorar esos triunfos cuando lleguen. Saber ganar es un arte más complicado que aprender a seguir perdiendo. Ayer la Unión Deportiva Las Palmas volvió a quedarse en el camino de sus propios sueños de ascenso; pero desde hoy mismo estaremos planteando nuevos objetivos, posibles fichajes y próximos retos. Forma parte del devenir del deporte y del camino de nuestras ilusiones a medida que las vamos construyendo. No se gana en un día ni se pierde nunca todo de repente. Lo que acontece no es más que la consecuencia de lo que se ha venido haciendo. Y también está la suerte, pero esta se alía casi siempre con quienes más la buscan y con los que menos desesperan. Cada cual ha de aprender a pasar sus propias páginas si quiere seguir leyendo la vida que aún le queda por delante.



sábado, 18 de mayo de 2013

El bar de Buenlugar

Hace tres semanas llegué a Buenlugar, en Firgas, justo cuando iba a comenzar el partido de la Unión Deportiva contra el Córdoba, quizá el encuentro que dejó al equipo amarillo con una resaca peligrosa y paralizante de la que aún no se ha recuperado. Solo había un bar abierto en la carretera. Venía de recorrer esa maravilla de la naturaleza que es el barranco de Azuaje, por lo que llegaba relajado y feliz después de escuchar la bajada del agua y el canto de cientos de pájaros festivos. En el bar quería ver el comienzo del partido de Las Palmas en televisión, pero el que tenían sintonizado era el del Barcelona. Viendo los gestos reconcentrados y alguna que otra camiseta del Barça no se me ocurrió pedirles que cambiaran de canal, aunque me quedé con la rasquera de comprobar cómo ni siquiera en el interior de la isla los amarillos despiertan el interés de cuando yo era niño y no había bar, casa o patio de vecinos en donde no se escucharan las narraciones radiofónicas siempre que jugaba la Unión Deportiva. Y menos mal que no pedí que cambiaran el canal: a la media hora ya jugábamos con nueve jugadores y nos habían marcado un par de goles. No sé qué partido habrán seguido hoy en la tele de aquel bar de Buenlugar; pero desde luego que visto lo visto en el estadio de Gran Canaria no creo que nadie esté por la labor de jugarse la clientela de su bar poniendo un espectáculo tan aburrido y tedioso como fue el partido ante el Recreativo (y lo mismo podíamos decir del encuentro de la semana pasada ante el Huesca que vi en una terraza del Monopol ante el desinterés de casi todos los parroquianos).
No sé qué le ha pasado a la Unión Deportiva, pero esa indolencia nos puede costar cara, no solo porque nos podamos quedar fuera de la promoción sino porque estamos ahuyentando a todos los aficionados que este año se habían vuelto a ilusionar con el equipo de su tierra. Hacía tiempo que no veía a tantos niños con camisetas amarillas como en los últimos meses. Solo por ellos espero que los jugadores espabilen y no dejen pasar la oportunidad que casi estamos tocando con los dedos después de muchos años de decepciones. En la vida solo gana el que cree en sus propios sueños. Da lo mismo que a veces no se cumplan. Lo lamentable es comprobar que los jugadores de tu equipo ni siquiera sean capaces de correr tras el balón que da vida a todos esos sueños. No voy a pecar de derrotista; pero sería imperdonable que no nos termináramos jugando nada por no salir al terreno de juego con la alegría y la confianza de hace unos meses. Ya casi no hay tiempo para enmendar errores. O vamos o no vamos; y si no vamos, ni en Buenlugar ni en La Culata acabarán haciéndole caso a unos colores que cada día se alejan más de los niños que siguen creciendo sin tener memoria de un enfrentamiento contra el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona. El fútbol es épica y es memoria, por eso los aficionados más fieles mantenemos a salvo nuestra afición amarilla a pesar de los muchos bostezos de todos estos años. Nos salva la memoria sentimental de los días grandiosos. Pero si no cambian las cosas el futuro de la Unión Deportiva tendrá cada día menos afectos y menos querencias inquebrantables. Ahora mismo esa épica y esa renovación de afectos depende de Nauzet, Vitolo, Momo y compañía. Esto es un juego en el que se puede ganar o perder. Lo que no aceptamos es que sea la falta de entrega y de ilusión la que nos vuelva a dejar lejos del reparto de todos los premios.