domingo, 28 de agosto de 2016

Regresos, alegrías y bufandas

De nuevo fuimos al ropero a coger la bufanda los que vamos con bufanda al estadio y las camisetas amarillas los que tiñen de ese color las gradas del Gran Canaria. El comienzo de la Liga, de cualquier Liga, siempre es un aventura que aguardamos desde muchas semanas antes, una evidencia después de dos meses con anuncios de fichajes, partidos de pretemporada y cualquiera de esos grandes campeonatos que vemos en la tele con una pasión distinta a la pasión que encontramos desde la cercanía de las gradas. Ayer, además, ese comienzo lo vivíamos con el comodín de los tres puntos ganados en un estadio tan difícil como Mestalla. Había sonrisas, mucha ilusión y esa sensación, casi siempre contenida, de que este año sí que va a ser nuestro gran año. Lo son todos, pero debemos reconocer que este es distinto, como aquellos años de Germán y Guedes, como los de Brindisi y Morete, se notaba en el ambiente, en las miradas luminosas de los aficionados y en esos niños que ya no le piden a los Reyes el equipaje del Real Madrid o del Barça sino el de la Unión Deportiva Las Palmas.
Hasta hace unos años, los partidos con el Granada se jugaban en Segunda B. Esas son las vueltas de la vida, lo que uno aprende con el paso del tiempo, lo que sabes que al final acabará sucediendo más tarde o más temprano. Porque también muchos años antes, en los setenta, estaban los dos en Primera y se hacían notar, aquel Granada de José Luis, Izcoa, Castellanos o Parits. En Granada fue también donde se hizo realmente grande Vicente González, futbolista de Agaete que venía de jugar en el Barcelona y que acabó recalando en México, toda una referencia futbolística para los grancanarios que lo vieron jugar en los años sesenta y setenta.
Uno agradece la presencia de entrenadores que no se conforman solo con el resultado, sobre todo cuando los equipos no están separados por muchos millones de euros en los presupuestos. Esa igualdad genera casi siempre un gran espectáculo, pero me gusta además que mi equipo no renuncie a esa condición casi innegociable de la belleza y el divertimento ni siquiera cuando se enfrenta a esos equipos de campanillas a los que a veces los millones no les valen para dar con el buen juego. De Setién me gusta su apuesta por un estilo en el que, buscando esa belleza y ese arabesco, no descuida la presión ni la defensa. Lo ha demostrado durante años el Barcelona, como lo demostró antes la selección holandesa de los setenta o el Milán de Arrigo Sachi: jugar de fábula al fútbol no implica un suicidio previo; todo lo contrario: los grandes equipos que han marcado una época, sobre todo en el fútbol moderno, han sabido apuntalar primero su estrategia defensiva. Lo primero es tener el balón y ya luego viene todo lo demás, esa sensación de que parece fácil jugar al fútbol, de que casi no requiere ningún esfuerzo. Eso es lo que consiguen Setién y Sarabia en la Unión Deportiva.
El Granada parecía un equipo endeble, pero nos dio un buen susto al final de la primera parte con el empate. Otras temporadas, ese gol psicológico, como el primero en Valencia el pasado lunes, nos hubiera hundido. Algo que destaco de la Unión Deportiva este año es su personalidad y su entereza al margen del resultado: creen en lo que hacen y se nota, además, que el equipo es una piña: bastó con ver cómo salió Livaja del campo entre abrazos de compañeros y gestos de complicidad de todo el equipo. Ganamos cinco a uno; pero no me quedo con el resultado sino con la cantidad de ocasiones que generamos. Tocamos con criterio, movemos de banda a banda, iniciamos de nuevo cuando no hay espacios y terminamos llegando al área pequeña muchas veces. Ya dije hace unas semanas que este año tocaba soñar fuerte. Vienen buenos tiempos. Se nota que esto no es casual ni flor de un día.
Tenemos talento de sobra, pero esa no es una noticia solo de este año. En esta ocasión creo que se junta el talento con el trabajo y la eficacia de la inteligencia. Esa confluencia nos puede dar muchas alegrías. De momento, ya me voy preparando para seguir soñando en Sevilla frente a Sampaoli, Vitolo y compañía. Más madera. Sin complejos y contra otro equipo que busca todo el rato el marco contrario. Dos insistencias similares en un mismo terreno de juego, una con más garra y la otra con más técnica, pero con un mismo camino innegociable desde que empieza el encuentro. Disfrutemos de esta alegría y de estos días memorables.

Nota: Tras finalizar el partido entre el Athletic de Bilbao y el Barcelona la Unión Deportiva Las Palmas es líder de Primera División por delante del Real Madrid y del referido Barcelona. Creo que no estábamos en esa posición desde la temporada 1978-1979, en los años de Carnevali, Roque, Felipe, Jorge, Brindisi, Félix, Noly, Morete, Maciel y compañía, los últimos años de gloria después de aquellos inolvidables de Tonono, Guedes y Germán. Muchas décadas viendo la gloria desde muy lejos. Da lo mismo lo que dure. Estos días serán inolvidables.


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