Cuando queremos jugar al fútbol no tenemos nada que envidiar a ningún equipo del mundo, pero cuando no queremos jugar dan ganas de apartar la vista ante la impotencia que da comprobar siempre cualquier despilfarro de talento. Hoy hemos visto las dos caras de la Unión Deportiva, la que quiere jugar y la que se queda esperando a que jueguen los otros. Una vez nos marcaron el gol, reapareció ese equipo en el que muchos confiamos con toda la ilógica del fútbol.
Se jugó al toque, se combinó, se improvisaron regates atrevidos y se fue a por el partido con convicción y con esa confianza que se requiere para emprender cualquier iniciativa vital o deportiva que merezca la pena. Había que escuchar los halagos de Xabier Azkargorta al juego amarillo en Canal Plus, prendado sobre todo de ese jugador cada día más grandioso y efectivo que es Vicente Gómez. Al final, o por lo menos de vez en cuando, el fútbol hace justicia a quien trata de no traicionarse y a quien sale a jugar como mejor sabe. Si no hubiera empatado Laguardia en el límite del descuento nos hubiéramos quedado con la magua de no haber encontrado un marcador justo. Lo de esta noche espero que sirva para desterrar definitivamente la estrategia del patadón del día del Elche y otros partidos aledaños. Si este equipo, como decía al principio, saliera a jugar y a mostrar su talento en el terreno de juego pocos lograrían pararlo. Esta noche uno se acuesta un poco más contento. No por el empate en las postrimerías del partido, sino por la sensación que nos ha dejado la Unión Deportiva Las Palmas. Si se lo creen y dejan atrás los miedos y los complejos, pueden conseguir cualquier objetivo que se planteen. Hay jugadores que no desentonarían lo más mínimo jugando en los grandes equipos del momento. Esa alegría dominguera para los grancanarios se completa con la soberbia actuación de David Silva en Old Trafford. Qué lujo comprobar que aquel fútbol que nos contaron nuestros abuelos, el de Mujica, Alfonso Silva, Germán y compañía, reaparece cada dos por tres en la carga genética de quienes se ven con un balón entre los pies. El canario, cuando juega al fútbol, no sabe más que divertirse e improvisar regates, pases o escorzos casi imposibles. Vicente Gómez, Viera, Vitolo, Juan Carlos Valerón o David Silva (uves de lujo) son parte de esa historia que luego se graba en la memoria de quienes tienen la suerte de asistir a esos milagros que logran mantener intacta nuestra fe en el bendito fútbol de todas las semanas.
domingo, 23 de octubre de 2011
sábado, 15 de octubre de 2011
Noventa minutos empatados con la mediocridad
Los empates tienen muchas veces un sabor casi tan amargo como las derrotas, sobre todo cuando se va ganando y se piensa en lo cercana que estuvo la victoria. No es lo mismo empatar o que te empaten. Quien ha ido por delante en el marcador ha liberado las endorfinas de la euforia y vive en un estado de alegría que se viene abajo cuando ve que el equipo contrario marca un gol celebrado la mayoría de las veces como si fuera el tanto de un ascenso. Filosofo un poco porque hoy, la verdad, hay poco sobre lo que escribir. Vimos un partido soso, que nunca despegó del pelotazo y del despropósito, y que muestra muy a las claras la Segunda División y sus mediocres circunstancias.
No hay mucho para escribir en estas crónicas si antes no han escrito casi nada sobre el césped los que están llamados a levantarnos o a hundirnos el ánimo cada fin de semana. Podíamos haber ganado como podíamos haber perdido, por eso considero que el empate es justo y que te quedas con cara de tonto, como si te hubieran robado noventa minutos lastimosamente. Si hubiéramos sabido que era eso lo que iba a acontecer nos hubiéramos quedado en casa; pero ya sabemos que el fútbol sorprende y nos regala satisfacciones y momentos inolvidables cuando menos lo esperamos. Por eso insistimos y seguiremos insistiendo. También porque confiamos en este equipo. Sigo pensando que hay jugadores para aspirar a lo que se quiera, y que todo dependerá de los vientos que mueven las rachas futboleras. Hoy tocó cruz en todos los sentidos. Incluso ganando hubiéramos salido insatisfechos del Gran Canaria. Nos estamos moviendo mejor fuera de casa porque estamos jugando al contraataque y a buscar los huecos en las jugadas rápidas; pero no me gustó la primera parte de hoy, con pelotazos de la defensa amarilla y con una renuncia injustificable al centro del campo. Menos mal que en la segunda parte Juan Manuel Rodríguez vio lo mismo que nosotros y trató de cambiar los rumbos con David González y con Sergio, pero duraron poco esas intenciones, casi lo justo para marcar el gol y volver al canguelo y a ver cómo el equipo contrario-tal como ya hicieron Córdoba o Murcia- atacaba sin que nadie fuera capaz de pararlo hasta que metiera su gol y volviera a la especulación futbolística en la que se está moviendo esta Segunda División tan enmarañada. Poco más se puede escribir de un partido que empezó empatado y que no varió su condición a pesar del paso del tiempo y del desespero de los más de diez mil aficionados amarillos que acudieron al estadio. No creo que se conserve en ninguna memoria los noventa minutos de esta tarde. Si acaso quedará la tranquilidad y la templanza de Vitolo en el momento de marcar el gol o algunos de los paradones providenciales de Barbosa. Casi todo lo demás es olvidable. No hubiera pasado nada si este partido no se hubiera jugado. Pasan cosas cuando juegan Alfonso Silva, Germán, Juan Carlos Valerón, David Silva o Jonathan Viera –volvió a dejar un par de detalles que invitan a seguir acudiendo al Gran Canaria-. Si el genio se da cita en el terreno de juego siempre nos queda un regate o un cambio de ritmo prodigioso para vencer a la mediocridad del tiempo. O para recordarnos que seguimos yendo al fútbol porque confiamos en encontrar ese fogonazo que haga que por unos momentos la vida parezca eterna. Da lo mismo que al final del partido sigamos siendo igual de mortales. Cuando salta la chispa no hay fuego comparable al de esos goles prodigiosos que todos guardamos como oro en paño en nuestra memoria más futbolera. El partido de hoy, sin embargo, empató con este mundo insulso y previsible que estamos habitando últimamente.
No hay mucho para escribir en estas crónicas si antes no han escrito casi nada sobre el césped los que están llamados a levantarnos o a hundirnos el ánimo cada fin de semana. Podíamos haber ganado como podíamos haber perdido, por eso considero que el empate es justo y que te quedas con cara de tonto, como si te hubieran robado noventa minutos lastimosamente. Si hubiéramos sabido que era eso lo que iba a acontecer nos hubiéramos quedado en casa; pero ya sabemos que el fútbol sorprende y nos regala satisfacciones y momentos inolvidables cuando menos lo esperamos. Por eso insistimos y seguiremos insistiendo. También porque confiamos en este equipo. Sigo pensando que hay jugadores para aspirar a lo que se quiera, y que todo dependerá de los vientos que mueven las rachas futboleras. Hoy tocó cruz en todos los sentidos. Incluso ganando hubiéramos salido insatisfechos del Gran Canaria. Nos estamos moviendo mejor fuera de casa porque estamos jugando al contraataque y a buscar los huecos en las jugadas rápidas; pero no me gustó la primera parte de hoy, con pelotazos de la defensa amarilla y con una renuncia injustificable al centro del campo. Menos mal que en la segunda parte Juan Manuel Rodríguez vio lo mismo que nosotros y trató de cambiar los rumbos con David González y con Sergio, pero duraron poco esas intenciones, casi lo justo para marcar el gol y volver al canguelo y a ver cómo el equipo contrario-tal como ya hicieron Córdoba o Murcia- atacaba sin que nadie fuera capaz de pararlo hasta que metiera su gol y volviera a la especulación futbolística en la que se está moviendo esta Segunda División tan enmarañada. Poco más se puede escribir de un partido que empezó empatado y que no varió su condición a pesar del paso del tiempo y del desespero de los más de diez mil aficionados amarillos que acudieron al estadio. No creo que se conserve en ninguna memoria los noventa minutos de esta tarde. Si acaso quedará la tranquilidad y la templanza de Vitolo en el momento de marcar el gol o algunos de los paradones providenciales de Barbosa. Casi todo lo demás es olvidable. No hubiera pasado nada si este partido no se hubiera jugado. Pasan cosas cuando juegan Alfonso Silva, Germán, Juan Carlos Valerón, David Silva o Jonathan Viera –volvió a dejar un par de detalles que invitan a seguir acudiendo al Gran Canaria-. Si el genio se da cita en el terreno de juego siempre nos queda un regate o un cambio de ritmo prodigioso para vencer a la mediocridad del tiempo. O para recordarnos que seguimos yendo al fútbol porque confiamos en encontrar ese fogonazo que haga que por unos momentos la vida parezca eterna. Da lo mismo que al final del partido sigamos siendo igual de mortales. Cuando salta la chispa no hay fuego comparable al de esos goles prodigiosos que todos guardamos como oro en paño en nuestra memoria más futbolera. El partido de hoy, sin embargo, empató con este mundo insulso y previsible que estamos habitando últimamente.
sábado, 8 de octubre de 2011
Que se busquen y que se sigan encontrando
De entrada ya les digo que escribir así de alegre es impagable. Después de varios partidos tratando de buscar palabras entre la magua y la decepción, hoy me pongo delante de la pantalla y este texto casi se escribe solo. Y mira que al final de la primera parte la Unión Deportiva parecía el equipo gallego del partido: no sabías si quería subir o bajar la escalera, como cuentan del galaico dubitativo, o lo que es lo mismo: no te quedaba claro si quería ganar o empatar el partido (aunque hubiéramos salido ganadores si el árbitro no le hubiera anulado un gol clarísimo a Vicente Gómez). Enfrente había un equipazo, un Celta que de medio campo hacia delante no tiene nada que envidiar a ningún equipo de Primera. Tampoco nosotros, y esa quizá ha sido la clave del partido. En algunos momentos parecía un encuentro de otra categoría superior, un déjá vú al revés que el de la semana pasada, en este caso rememorando los muchos enfrentamientos entre Las Palmas y el Celta en la máxima categoría. Y eso de equipo o partido de Primera no lo digo yo. En Twitter (¡cuánto nos estamos divirtiendo cada jornada siguiendo los comentarios en #DirectoUD: felicito a la periodista Carmen Zamora por haber acertado el resultado en la porra tuitera), acabo de leer un comentario del periodista canario afincado en Madrid, Nicolás Castellano, en el que decía que en la ETB vasca comentaban durante el partido que Vitolo y Viera son, a todas luces, jugadores de Primera División. ¿Y le quedaba a alguien alguna duda? ¿Que escoran el juego hacia su lado? ¿Y qué? ¿Que a veces se equivocan? Me da lo mismo: que lo sigan intentando y que el talento se junte dónde y cómo le dé la real gana: al final son los futbolistas geniales los que convierten el fútbol en algo más que una sucesión de patadas insulsas. También Cruyff buscaba todo el rato a Sotil, o Brindisi a Morete, o Míchel a Butragueño. Que se busquen, que se sigan buscando, y que en medio se encuentren con gente tan talentosa como Vicente Gómez, Roque Mesa (su debut habría que enmarcarlo; ha sido otra gran noticia en este partido), Artiles, David González, Sergio Suárez y compañía. Seguimos poco contundentes en defensa a la espera de David García, pero así y todo mantuvimos el tipo, sobre todo por la contención en el medio campo de Javi Castellano, otro jugador que se ha consolidado en su puesto. ¡Qué distintas son estas tardes de sábado victoriosas! ¡Qué maravilloso resulta acercarte a la clasificación y enfilar la mirada hacia arriba, hacia donde se cumplen los sueños! Tocó un grande y hemos dado la talla. Solo falta que los jugadores y que la afición se crean de una vez que hay equipo para aspirar a todo lo que queramos. Eso sí, que renueven cuanto antes a Jonathan Viera. Cuanto más lo vean, más ganas tendrán de llevárselo todos esos grandes que le siguen. No hay que entender mucho de fútbol para saber dónde anida el talento.
sábado, 1 de octubre de 2011
Déja vù
A veces el fútbol no es más que una sucesión de partidos repetidos. Si se gana y se juega bien, esa repetición se asemeja al éxtasis casi semanal; pero cuando se pierde y tu equipo se enreda en jugadas previsibles y se empeña en repetir los mismos errores, uno solo espera un milagro para salvarse del desastre, aun sabiendo que los milagros jamás acontecen cuando no se buscan con todas las ganas y cuando en la mente de los que juegan no están bien asentadas las palabras victoria, divertimento y confianza.
He titulado déja vù porque el partido de hoy fue prácticamente idéntico al del Córdoba –por tener tuvo hasta el mismo remate de Javi Guerrero al larguero que luego bota en la raya de la portería- y si me apuran también al del Alcoyano –en aquella ocasión tuvimos la suerte de cara en el último minuto-. Y lo que desespera es comprobar que no se sabe ganar a equipos muy inferiores a la Unión Deportiva. A ver si me entienden, cuando hablo de inferioridad no estoy desmereciendo a los rivales. Todo lo contrario, esos conjuntos han demostrado que tienen oficio y que saben defender y contraatacar de forma organizada y efectiva. Lo que les aleja de Las Palmas es el talento y las posibilidades creativas de sus jugadores. No se puede consentir que un conjunto con un potencial ofensivo que no tienen muchas plantillas de Primera División ande cada semana mirando la hora para ver si da tiempo de que haya un rechace o de que alguien sea capaz de pegar un puntú o de rematar con la nuca o con las costillas. Hoy por lo menos tuvimos opciones de ganar, que no oportunidades. Jugamos con diez jugadores medio partido y contra un rival tocado anímicamente tras el empate amarillo, pero nuestro equipo se está empeñando en borrarse de los partidos en un visto y no visto. Y lo más preocupante es que hoy disponíamos de todo nuestro potencial. Por tanto, creo que urge un cambio de mentalidad inmediata y una necesidad de recuperar la confianza en el talento perdido. Los próximos rivales no serán tan condescendientes y tan conformistas como los que nos han tocado en casa las últimas semanas. O espabilamos o terminaremos dilapidando el optimismo que teníamos todos a principios de temporada. Ya, ya sé que se nos advertía a los soñadores recalcitrantes que lo importante era la salvación y bla, bla, bla. No, lo importante es salir a ganar, a divertirte y a hacer gala de todas tus posibilidades. No nos podemos desmoronar a las primeras de cambio como lo hacemos. Si el Murcia hubiera sido más ambicioso, tras la expulsión de Juampe se hubiera llevado los tres puntos sin problemas. Ni siquiera podemos hablar de mala suerte en los remates como el día del Córdoba. Apenas rematamos, apenas jugamos y apenas nos quedan ganas de hablar de fútbol en todo el fin de semana. Mejor borramos lo de hoy como se borran siempre todas las pesadillas. Sólo deseo no tener que escribir otra semana recordando que pasa el tiempo y que apenas varía el argumento de otros noventa minutos perdidos lastimosamente.
He titulado déja vù porque el partido de hoy fue prácticamente idéntico al del Córdoba –por tener tuvo hasta el mismo remate de Javi Guerrero al larguero que luego bota en la raya de la portería- y si me apuran también al del Alcoyano –en aquella ocasión tuvimos la suerte de cara en el último minuto-. Y lo que desespera es comprobar que no se sabe ganar a equipos muy inferiores a la Unión Deportiva. A ver si me entienden, cuando hablo de inferioridad no estoy desmereciendo a los rivales. Todo lo contrario, esos conjuntos han demostrado que tienen oficio y que saben defender y contraatacar de forma organizada y efectiva. Lo que les aleja de Las Palmas es el talento y las posibilidades creativas de sus jugadores. No se puede consentir que un conjunto con un potencial ofensivo que no tienen muchas plantillas de Primera División ande cada semana mirando la hora para ver si da tiempo de que haya un rechace o de que alguien sea capaz de pegar un puntú o de rematar con la nuca o con las costillas. Hoy por lo menos tuvimos opciones de ganar, que no oportunidades. Jugamos con diez jugadores medio partido y contra un rival tocado anímicamente tras el empate amarillo, pero nuestro equipo se está empeñando en borrarse de los partidos en un visto y no visto. Y lo más preocupante es que hoy disponíamos de todo nuestro potencial. Por tanto, creo que urge un cambio de mentalidad inmediata y una necesidad de recuperar la confianza en el talento perdido. Los próximos rivales no serán tan condescendientes y tan conformistas como los que nos han tocado en casa las últimas semanas. O espabilamos o terminaremos dilapidando el optimismo que teníamos todos a principios de temporada. Ya, ya sé que se nos advertía a los soñadores recalcitrantes que lo importante era la salvación y bla, bla, bla. No, lo importante es salir a ganar, a divertirte y a hacer gala de todas tus posibilidades. No nos podemos desmoronar a las primeras de cambio como lo hacemos. Si el Murcia hubiera sido más ambicioso, tras la expulsión de Juampe se hubiera llevado los tres puntos sin problemas. Ni siquiera podemos hablar de mala suerte en los remates como el día del Córdoba. Apenas rematamos, apenas jugamos y apenas nos quedan ganas de hablar de fútbol en todo el fin de semana. Mejor borramos lo de hoy como se borran siempre todas las pesadillas. Sólo deseo no tener que escribir otra semana recordando que pasa el tiempo y que apenas varía el argumento de otros noventa minutos perdidos lastimosamente.
sábado, 17 de septiembre de 2011
Mareas
Cuando subí al estadio de Gran Canaria la marea en Arinaga estaba llena. Al regresar la he encontrado vacía y con todas las rocas al aire. Cuando subí al estadio también iba cargado de ilusiones, pensando que si ganábamos esta tarde nos podíamos colocar líderes de la clasificación. Al bajar hacia el Sur solo conservo el amargo sabor de la derrota y esa extraña sensación que se te queda cuando pierdes un partido incomprensiblemente, con numerosas ocasiones claras a favor y contra un equipo que no era nada del otro jueves. ¿Qué pasó entonces? ¿Cuál fue la causa de esta inesperada decepción sabatina? Podríamos referirnos a muchas circunstancias, pero yo prefiero agarrarme a los ciclos de las mareas que suben y bajan de forma inevitable una y otra vez, aunque a veces nos parezca mentira la caída o la subida inesperada.
En líneas generales, no me gustó ni el partido ni el equipo. Las Palmas jugó a rachas, sin que su juego brujuleara en el centro del campo, y en algunos tramos del partido, sobre todo en los últimos veinte minutos, renunció directamente al centro del campo, con Barbosa sacando una y otra vez en largo para ver si Quiroga pescaba algún balón y entre rebote y rebote generábamos peligro. Así fue, entre rebote y rebote, y entre arreón y arreón, generamos ocasiones clarísimas y, en algunos casos, incomprensiblemente falladas. Quizá la marea compensó el exceso de suerte contra el Alcoyano hace dos semanas. Entonces sacamos petróleo de una jugada de Jonathan Viera-cuánto se le echa de menos para romper los ritmos de un partido y para dar con el remate certero que se cuele entre los tres palos- y nos llevamos tres puntos en las postrimerías del encuentro. La Liga marca esa regularidad, y un día te da, otro te quita y otro, como hoy, te deja con cara de tonto mirando al marcador. Hubo detalles muy buenos. Destaco dos: me gustó mucho Portillo el tiempo que estuvo en el campo-le vi suelto, jugando con mucho sentido e inteligencia- y me encantó el desparpajo, la decisión y la habilidad de Artiles –dará mucho que hablar: hay veces en que solo viendo correr a un jugador ya sabes qué te vas a encontrar cuando el balón pase por sus pies. José Artiles es de los que convierten en magia todo lo intentan, un jugador diferente, especial, un lujo más que sumar a la vanguardia amarilla-. Por lo demás, busquemos las razones de hoy en ese flujo natural de las mareas que comentaba al principio. La suerte, como la mar, también se muestra a veces traicionera y esquiva, pero otros días nos regala momentos prodigiosos. Confiemos en que en Girona nos aguarden olas un poco más ventajosas.
En líneas generales, no me gustó ni el partido ni el equipo. Las Palmas jugó a rachas, sin que su juego brujuleara en el centro del campo, y en algunos tramos del partido, sobre todo en los últimos veinte minutos, renunció directamente al centro del campo, con Barbosa sacando una y otra vez en largo para ver si Quiroga pescaba algún balón y entre rebote y rebote generábamos peligro. Así fue, entre rebote y rebote, y entre arreón y arreón, generamos ocasiones clarísimas y, en algunos casos, incomprensiblemente falladas. Quizá la marea compensó el exceso de suerte contra el Alcoyano hace dos semanas. Entonces sacamos petróleo de una jugada de Jonathan Viera-cuánto se le echa de menos para romper los ritmos de un partido y para dar con el remate certero que se cuele entre los tres palos- y nos llevamos tres puntos en las postrimerías del encuentro. La Liga marca esa regularidad, y un día te da, otro te quita y otro, como hoy, te deja con cara de tonto mirando al marcador. Hubo detalles muy buenos. Destaco dos: me gustó mucho Portillo el tiempo que estuvo en el campo-le vi suelto, jugando con mucho sentido e inteligencia- y me encantó el desparpajo, la decisión y la habilidad de Artiles –dará mucho que hablar: hay veces en que solo viendo correr a un jugador ya sabes qué te vas a encontrar cuando el balón pase por sus pies. José Artiles es de los que convierten en magia todo lo intentan, un jugador diferente, especial, un lujo más que sumar a la vanguardia amarilla-. Por lo demás, busquemos las razones de hoy en ese flujo natural de las mareas que comentaba al principio. La suerte, como la mar, también se muestra a veces traicionera y esquiva, pero otros días nos regala momentos prodigiosos. Confiemos en que en Girona nos aguarden olas un poco más ventajosas.
lunes, 12 de septiembre de 2011
Imprudentes y felices
La prudencia no deja que la felicidad asome la cabeza cuando le toca. Ya nos ha tocado ser prudentes muchas veces y, por tanto, no me importa ilusionarme de nuevo como si fuera la primera vez, o como me ilusioné con los primeros partidos de la pasada temporada. Hoy toca ser felices, no prudentes. Y toca ser felices porque presentimos muchas alegrías futuras, porque hemos ganado tres a uno en campo contrario y porque Las Palmas está donde está con un equipo que se nutre de canteranos talentosos. Ya sé que esto está empezando, pero si empezando bien no está uno contento ya me dirán cuándo tendría que estarlo. Queda mucha Liga, vale; los rivales no han sido de campanillas, vale también; pero ya sabemos que en Segunda sumar siete puntos en tres partidos no es moco de pavo, y eso es lo que ha logrado la Unión Deportiva. Me parece lógico que el entrenador, los directivos y los propios jugadores estén todo el rato con el guineo de la prudencia, los cincuenta puntos y la salvación; pero nosotros somos aficionados y, como tales, nos corresponde la euforia o la decepción, y ya sabemos que a veces el equipo camina hacia un lado o hacia otro dependiendo de nuestros estados de ánimo y de la ilusión que podamos contagiar desde las gradas. Toca alegrarnos y soñar. Dejemos para otros la mesura. A nosotros nos corresponde el lleno a reventar del Gran Canaria y los riquirracas que lleven al equipo en volandas. Cada partido tiene que presagiar una fiesta. Ya luego los jugadores serán los encargados de poner la música y el espectáculo. Y no sé ustedes, pero yo creo que tenemos un conjunto de artistas virgueros que están llamados a improvisar sobre el césped todos los sueños que les vayamos pidiendo.
sábado, 3 de septiembre de 2011
La moral de la épica
El teatro de los sueños no está en Manchester. Donde quiera que haya un campo de césped, unos focos y la emoción de un partido más o menos crucial, el tiempo y la lógica dan paso a la épica y a una epopeya semanal que es más grandiosa cuanto más cercana. Jugar contra el Alcoyano no es lo mismo que hacerlo contra el Real Madrid o el Barcelona, pero cuando el balón rueda sobre la cancha les aseguro que la diferencia es mínima, sobre todo cuando te enfrentas con un rival al que se le presupone la moral y cuando vuelves a quedarte con diez jugadores antes de la media hora. Costó ganar esta tarde en el Gran Canaria, ese estadio que sin pistas de atletismo se acercaría aún más a ese teatro del que hablábamos al principio. No hay mucho que contar del partido. Si acaso tendríamos que destacar la entrega de los jugadores y la fidelidad de una afición que no escatima aplausos ni apoyos. Ya son dos encuentros remando contra corriente cuando aún estamos en los albores de la temporada. Y en ambos partidos se ha puntuado y se ha buscado la victoria a pesar de la adversidad. Espero que no suframos el mismo acoso arbitral de los primeros choques de la pasada temporada, pero no se entiende esa predisposición a mostrar tarjeta roja a las primeras de cambio. De nuevo hay que hablar del equipo y de las estrategias del entrenador. Creo que Juan Manuel Rodríguez, con tantos cambios en la alineación, lo que quiere es que todos los jugadores se sientan protagonistas: un día David González y otro Vicente Gómez (hoy en el banquillo), otro día Quiroga y al siguiente Javi Guerrero, y siempre, siempre Barbosa con sus intervenciones prodigiosas. También habría que hablar del importante papel que está jugando Corrales, del magnífico partido de un Juanpe que crece cada día más, de la versatilidad y el trabajo de Javi Castellano o del gol de Jonathan Viera. Todo el equipo se unió para que no se notara la ausencia del argentino Herner. Creo que Las Palmas mereció este triunfo que nos coloca en la parte alta de la clasificación. Me quedo tranquilo viendo que el equipo está cada día más trabajado y que el entrenador sigue apostando por el talento de Vitolo y de Viera. Da lo mismo que hoy no se encontraran como en otros partidos. Quizá a Vitolo se lo notó muy ansioso tras tantos meses de ausencia en el Gran Canaria. Uno tenía la impresión de que quería hacer cuatro o cinco jugadas al mismo tiempo cada vez que recibía el balón. Hoy no le salieron cosas, pero confío a carta cabal en la genialidad que atesora y estoy seguro de que cuando pasen un par de partidos nos pondrá a todos en pie como el pasado año. No hay mucho más que contar de este encuentro. Nos quedamos con la alegría de la victoria y con los cuatro puntos que ya suma la Unión Deportiva Las Palmas en dos partidos. Los sueños continúan totalmente intactos.
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