El fútbol sigue siendo una metáfora de la vida. Hoy Las Palmas se enfrentó a un equipo que vino a ganar y a divertirse. Y eso lo agradecemos los aficionados aunque no haya ganado la Unión Deportiva. Pero al margen del resultado (empate a tres goles), quiero regresar a ese parecido entre el campo de juego de la vida y el del fútbol. Dos nombres: Deulofeu y Juanpe. El primero es uno de los mejores jugadores que yo he visto sobre el Gran Canaria. Cada vez que tenía el balón entre sus pies parecía que se detenía el tiempo para dejar paso a la magia. Todo lo que hacía era inesperado y sutil. Regateaba casi sin esfuerzo e inventaba el fútbol en medio metro. Su primer gol es para enmarcarlo. El partido perfecto. La vida soñada.
En el otro lado estaría Juanpe. El defensa amarillo cometió un error de principiante cuando su equipo había logrado empatar a dos y contaba con mayoría numérica. Tras el fallo, los que estábamos en la grada casi sentimos la desolación y la punzada de dolor del defensa de Arinaga. Estaba en el partido que nunca querría haber jugado. La vida temida.
Pero ni uno tiene que encumbrarse ni el otro ha de venirse abajo. Mañana es otro día, y el destino de ambos puede ir en cualquiera de las direcciones que marque el azar. Juanpe ha de aprender de ese error y asumir con madurez que ya vendrán mejores días. A Deulofeu, si le respetan las lesiones y mantiene esa seguridad en todo lo que intenta, lo veremos dentro de poco inventando prodigios con Messi, Iniesta y compañía. Alguien dormirá hoy escuchando el eco de los aplausos, y alguien no pegará ojo en toda la noche reviviendo un minuto fatídico en el que hubiera querido detener el tiempo para cambiar el bote malhadado de un balón. El fútbol como la vida. Y como el sueño que varía cada noche según nos hayan tratado las horas del día.
sábado, 2 de marzo de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
Las segundas vueltas
Hay momentos en la vida en los que cruzamos los dedos de manera inconsciente antes de dar un paso. También hay partidos de fútbol en los que esos mismos dedos se mueven igual de nerviosos ante la incertidumbre. Hoy era uno de esos partidos. Había que ganar, y además había que demostrar que la reciente derrota en Alcorcón no fue más que un episodio anecdótico, o que por lo menos esa sensación de equipo endeble y sin confianza iba a quedar nuevamente alejada jugando en el estadio de Gran Canaria. Lo que no entiendo es por qué el mismo equipo que logra jugar al fútbol prodigiosamente en casa se estrella luego a las primeras de cambio cuando se las tiene que ver con un rival lejos de la isla. Confío en que partidos como el de hoy se graben en la mente de los jugadores para que se crean de una vez lo que todos nos venimos creyendo hace tiempo: que si salen a ganar y apuestan por la filosofía de fútbol que propone Sergio Lobera no habrá azar o contingencia que nos aleje de la promoción del ascenso (o del propio ascenso directo).
En la primera vuelta, fue el partido con el Girona el que más nos hizo dudar de nuestras verdaderas posibilidades, sobre todo porque veníamos de una derrota en casa contra el Alcorcón y porque se nos caía de las manos el sueño que habíamos vislumbrado tras la primera victoria contra el Racing de Santander. Ahora han cambiado las cosas, y otra goleada, en este caso a nuestro favor, nos devuelve, casi intacta, la ilusión que veníamos fraguando desde hace meses. Aun a pesar de la pájara de los últimos minutos, hoy hemos podido ver a un equipo solvente, creativo y con rematadores cada día más letales. Toca salir fuera con la misma intención con que salimos en el estadio de Gran Canaria. Y ya no se puede esperar más tiempo. No hay nada que impida ese cambio a la hora de encarar los partidos lejos de casa. Ahí estará la clave del ascenso. Hay equipo, hay una afición dispuesta a empujar en todo lo que haga falta y contamos con un entrenador que se ajusta a nuestra manera de entender el fútbol. Hoy tocaba mirar hacia arriba y se ha conseguido alzar sobradamente esa mirada. Solo deseo que esos mismos jugadores ya no vuelvan a bajar los brazos. Se puede ganar o perder, pero lo que no se puede hacer nunca es dejar que los partidos pasen de largo. Si no se desfallece, el tiempo siempre logra que encontremos salidas en medio de cualquier caos.
En la primera vuelta, fue el partido con el Girona el que más nos hizo dudar de nuestras verdaderas posibilidades, sobre todo porque veníamos de una derrota en casa contra el Alcorcón y porque se nos caía de las manos el sueño que habíamos vislumbrado tras la primera victoria contra el Racing de Santander. Ahora han cambiado las cosas, y otra goleada, en este caso a nuestro favor, nos devuelve, casi intacta, la ilusión que veníamos fraguando desde hace meses. Aun a pesar de la pájara de los últimos minutos, hoy hemos podido ver a un equipo solvente, creativo y con rematadores cada día más letales. Toca salir fuera con la misma intención con que salimos en el estadio de Gran Canaria. Y ya no se puede esperar más tiempo. No hay nada que impida ese cambio a la hora de encarar los partidos lejos de casa. Ahí estará la clave del ascenso. Hay equipo, hay una afición dispuesta a empujar en todo lo que haga falta y contamos con un entrenador que se ajusta a nuestra manera de entender el fútbol. Hoy tocaba mirar hacia arriba y se ha conseguido alzar sobradamente esa mirada. Solo deseo que esos mismos jugadores ya no vuelvan a bajar los brazos. Se puede ganar o perder, pero lo que no se puede hacer nunca es dejar que los partidos pasen de largo. Si no se desfallece, el tiempo siempre logra que encontremos salidas en medio de cualquier caos.
sábado, 2 de febrero de 2013
Jugando a mantener los sueños
Hay partidos que solo pueden disfrutar los aficionados de los equipos que están sobre el terreno de juego. Apenas hay ocasiones, se juega casi todo el tiempo en el centro del campo, se opta por el despeje azaroso y no se para de correr en ningún momento. Si no eres de la partida, saldrías corriendo del estadio sobre la marcha; pero si estás implicado, esos encuentros son los que también te hacen amar el fútbol. Hoy había dos equipos bien armados y conjuntados sobre el estadio de Gran Canaria. Se respetaban. Se tanteaban. Se temían. Y los aficionados valorábamos ese respeto, ese tanteo e incluso esos temores que convertían cada saque de esquina en faltas al borde del área. No hubo goles (bueno, hubo un golazo del Elche que por lo menos en el campo me pareció totalmente legal, uno de esos goles que se quedan grabados en la buena memoria futbolística por su plasticidad y por su ejecución, en una posición casi imposible, de media chilena, casi de espaldas; pero sabiendo dónde se quería dirigir el balón en todo momento). Pero ese cerocerismo no fue de los que te espantan de los estadios. Yo por lo menos me entretuve viendo el partido y tuve la impresión de que el tiempo se me pasó volando. Me quedo tranquilo porque Las Palmas le jugó de tú a tú al líder de la categoría y porque la actitud de los jugadores me permite mantener todos los sueños intactos. No quiero olvidar la iniciativa de Armas&Asociados, que logró que buena parte del estadio corease el himno de la Unión Deportiva en el minuto cuatro de la segunda parte. Conozco mucho a Manolo Armas, y estoy seguro de que en los próximos partidos logrará que todo el Gran Canaria se ponga en pie en ese minuto para escorar los ánimos de los encuentros a los anhelos amarillos. Esta tarde, si levantabas la mirada te encontrabas un cielo azul e intenso que de alguna manera contribuía a la puesta en escena del espectáculo. También pasaban nubes con esas formas que de niños nos hacían buscar similitudes de animales o mapas de países recién estudiados en los atlas que nos enseñaban en el colegio. A veces el fútbol también dibuja en el césped esos escorzos prodigiosos, eléctricos, como el control que realizó Momo en la segunda parte o como los que nos suele regalar Vitolo cuando tiene su día. Realmente son las expectativas las que luego anticipan las emociones: uno puede buscar lo sublime en todo lo que le rodea; también en un partido embarullado, en un empate a cero, en una tarde de febrero que podría ser perfectamente la primera tarde de cualquier primavera. Por un momento pensé que estaba viendo un encuentro de promoción. Será más o menos como el de hoy, así de intenso, así de incierto. Esto sigue siendo fútbol: sucesión de guiones tan improvisados como los que uno quisiera encontrar en la vida. Sin trampas, sin mentiras, sin silencios cobardes.
sábado, 19 de enero de 2013
No era un espejismo
Hemos pasado del talismán verdiblanco del Elche al del Racing de Santander (aunque hoy vistiera de negro). Comenzamos ganándoles en Liga, revivimos en Copa del Rey (y logramos que en los despachos amarillos quedara claro que estábamos con Lobera) y hoy nos estrenamos en la segunda vuelta venciendo de nuevo y teniendo a menos de un partido el ascenso directo a Primera División. Todos los que vieron el encuentro de esta tarde han podido corroborar que Las Palmas sigue siendo un equipo conjuntado y solidario que suma solvencia y credibilidad cada semana que pasa. Uno tiene la sensación, aun en los peores momentos, de que todo saldrá bien, quizá porque esa confianza pasa de la grada a los jugadores y de estos a los aficionados desde que el balón echa a rodar. Hoy, por ejemplo, volvió a aparecer Vitolo para marcar el gol de la victoria; pero la jugada que lo origina la creó y la interpretó Dani Castellano, una de las grandes revelaciones de la temporada, cada día más asentado en su puesto, cada semana más atrevido y más eficaz con el balón en los pies. Su éxito es el de la constancia y la confianza en uno mismo a pesar de no contar con oportunidades para demostrar su valía. Seguro que su hermano gemelo, Javi Castellano, está como estaría él la pasada temporada, entrenando como si fuera a jugar mañana mismo y sin dejar que decaiga ni su estado de ánimo ni su ambición. Y es que en este equipo –por eso repito tanto esa palabra- está resultando muy difícil conservar la titularidad, y en estos momentos no hay nadie intocable o imprescindible. Ahí está Raúl Lizoain, un portero que aporta una gran seguridad y que le pondrá cada día más difícil a Lobera la elección del guardameta amarillo. Hoy realizó una parada espectacular en la primera parte en la única gran ocasión que tuvo el Racing en todo el partido ( en esa primera parte Las Palmas tiró diez veces a puerta y pudo haber sentenciado el encuentro; luego en el segundo tiempo se tiró de oficio y se maniató perfectamente al rival). Creo que vamos a disfrutar de muy buenos momentos en el futuro; pero todo mañana no deja de ser más que una incertidumbre. Lo mejor es esta sensación de plenitud y alegría futbolera que estamos sintiendo ahora mismo los aficionados de la Unión Deportiva. Hacía muchos años que no vivíamos el fútbol de esta manera. Hoy hemos dado otro gran paso. Quedan muchos; pero a medida que se van dando llegamos a vislumbrar ese oasis que son las ilusiones cuando se ha estado tanto tiempo atravesando desiertos áridos y desesperantes. Si miras la clasificación verás que nada de esto es un espejismo.
lunes, 14 de enero de 2013
Poética futbolera
Hay días en los que se presiente un ascenso, y hoy es uno de ellos. El gol de Vitolo en el límite del tiempo de descuento logra que se remuevan todas las ilusiones dormidas durante años. Y hoy, además, me di cuenta de que el fútbol está hermanado con la poesía por muchas consanguinidades cercanas a la emoción y también por esa magia que tienen el gol y el verso cuando llegan en el momento que no los esperas y te dejan el espíritu animoso y sosegado, como si todo cobrara sentido de repente y te pudieras olvidar de la grisuras cotidianas. Al mismo tiempo hoy también comprobé que en los pocos metros que rodean a mi asiento hay varios poetas con los que comparto pasión futbolera. La primera de ellas es Malena Millares, a quien encontré junto a Bruno González charlando con el periodista Pascual Calabuig. Casi todos los partidos nos vemos antes de que los jugadores salten al campo y calibramos las sensaciones, muchas veces más poéticas que futbolísticas, que tenemos de cada encuentro. Hoy, además, fue una delicia escuchar durante un rato al maestro Calabuig glosando viejas hazañas de la Unión Deportiva con nombres propios que muchas veces dejamos que se mueran en el olvido. Yo soy de los niños que identifican las grandes gestas de la Unión Deportiva con la voz de Pascual Calabuig cuando comentaba los partidos para Estudio Estadio, para Telecanarias o para Lunes Deportivo. Germán, Brindisi o Morete son nombres que en televisión sonaban siempre con su inconfundible tono cargado de emoción y- ¡ahora caigo!- de mucha intención poética detrás de cada jugada que narraba.
También se sienta cerca el poeta Isaac Oropez, que hoy llegó a los siete minutos, cuando el partido ya iba dos a cero, y que luego subía las escaleras con empate a dos y cara de disgusto. Menos mal que antes de llegar al final de la subida se acercó a abrazarme para celebrar el golazo de Vitolo que rompía ese empate injusto que mostraba el marcador electrónico –más injusto si cabe por venir de un penalti inexistente y de la expulsión, más surrealista aún, de Barbosa-. Pero justo tres filas por debajo también se sienta la que considero una de las más grandes poetas canarias de todos los tiempos, la catedrática de Literatura y profesora universitaria, Alicia Llarena. Me encanta hablar con Alicia en los descansos, y cada día me quedo más asombrado de su clarividencia futbolística y de lo mucho que ama los colores de la Unión Deportiva. Hoy, en ese descanso, le recordé el verso de Baudelaire que recomienda que hay que ser sublime sin interrupción. Le decía que Las Palmas salió sublime y que en cinco minutos metió dos goles con un fútbol vertical, ambicioso y fulgurante, pero que luego, sin que nadie lo entendiera, se vino abajo y dejó que esa intención de grandeza se fuera diluyendo peligrosamente. Lo que no sabíamos era que ese reposo del talento solo era el anticipo de un verso final que nos ha dejado con la alegría en el cuerpo y en el alma. No concibo un desenlace más grandioso que el del partido de esta noche. Toda la poesía cabía en el remate postrero de Vitolo, en su escorzo, en su amago, y en ese momento en que descubres que el balón se estrella contra unas redes en las que coinciden nuestros deseos con la realidad. Terminamos la primera vuelta en puestos de promoción y a cinco puntos del ascenso directo. No creo que haya nadie que a estas alturas nos pueda seguir acusando de ilusos.
PD: Estos días se agradecen iniciativas como la de la empresa guiense Armas&Asociados que capitanea el economista Manuel Armas: han creado una campaña denominada Contigo P’Primera en la que incentivan la asistencia al estadio de Gran Canaria y ofrecen un 10 por ciento de descuento sobre el precio de las entradas
También se sienta cerca el poeta Isaac Oropez, que hoy llegó a los siete minutos, cuando el partido ya iba dos a cero, y que luego subía las escaleras con empate a dos y cara de disgusto. Menos mal que antes de llegar al final de la subida se acercó a abrazarme para celebrar el golazo de Vitolo que rompía ese empate injusto que mostraba el marcador electrónico –más injusto si cabe por venir de un penalti inexistente y de la expulsión, más surrealista aún, de Barbosa-. Pero justo tres filas por debajo también se sienta la que considero una de las más grandes poetas canarias de todos los tiempos, la catedrática de Literatura y profesora universitaria, Alicia Llarena. Me encanta hablar con Alicia en los descansos, y cada día me quedo más asombrado de su clarividencia futbolística y de lo mucho que ama los colores de la Unión Deportiva. Hoy, en ese descanso, le recordé el verso de Baudelaire que recomienda que hay que ser sublime sin interrupción. Le decía que Las Palmas salió sublime y que en cinco minutos metió dos goles con un fútbol vertical, ambicioso y fulgurante, pero que luego, sin que nadie lo entendiera, se vino abajo y dejó que esa intención de grandeza se fuera diluyendo peligrosamente. Lo que no sabíamos era que ese reposo del talento solo era el anticipo de un verso final que nos ha dejado con la alegría en el cuerpo y en el alma. No concibo un desenlace más grandioso que el del partido de esta noche. Toda la poesía cabía en el remate postrero de Vitolo, en su escorzo, en su amago, y en ese momento en que descubres que el balón se estrella contra unas redes en las que coinciden nuestros deseos con la realidad. Terminamos la primera vuelta en puestos de promoción y a cinco puntos del ascenso directo. No creo que haya nadie que a estas alturas nos pueda seguir acusando de ilusos.
PD: Estos días se agradecen iniciativas como la de la empresa guiense Armas&Asociados que capitanea el economista Manuel Armas: han creado una campaña denominada Contigo P’Primera en la que incentivan la asistencia al estadio de Gran Canaria y ofrecen un 10 por ciento de descuento sobre el precio de las entradas
domingo, 16 de diciembre de 2012
Pasos en el camino
Hay empates que si sumaran tres puntos parecerían victorias. La suerte no siempre premia a quien hace más méritos, pero quien hace más méritos, en este caso la Unión Deportiva luchando medio partido con un hombre menos por expulsión de Murillo, queda más satisfecho con el empate, aun cuando en el último minuto Vitolo tuvo un mano a mano con el portero contrario que casi roza la épica de una victoria. Seguimos invictos, en este caso empatando a cero fuera de casa ante el Recreativo de Huelva. Pudo haber ganado cualquiera de los dos equipos, y hay que reconocer que si no hubiera sido por Barbosa y por los postes ahora mismo estaríamos escribiendo la crónica de una derrota. Pero ya hemos dicho muchas veces que en el fútbol, como en la vida, también juegan el azar y esos inesperados milagros que desmontan todas las lógicas. Lo que sí se mantiene es la solvencia y la credibilidad de un conjunto que sigue teniendo a tiro de piedra el ascenso. Si vamos ganando en casa y empatando fuera nos iremos encaramando poco a poco al sueño que todos ansiamos. Y no hay que olvidar que el conjunto amarillo acumulaba el esfuerzo del partido contra el Betis el pasado jueves. La suerte casi siempre es de quien se la trabaja pacientemente sin pretender adelantar los pasos que precisan todos los logros que valen la pena. La Unión Deportiva Las Palmas ha dado hoy otro de esos pasos. Queda mucho camino por delante, pero quien anda seguro de sí mismo acaba llegando a alguna parte.
sábado, 8 de diciembre de 2012
Cuando el fútbol se convierte en una fiesta
No vivimos tiempos felices. Por eso, cuando un balón logra que esbocemos una sonrisa de satisfacción, agradecemos todavía más la existencia del fútbol y de todo lo que puede dar de sí cuando coinciden la victoria y el buen juego. Yo creo que desde hoy (contundente triunfo por cuatro a cero ante el Huesca) nadie duda que lo de la Unión Deportiva va en serio. Se sabía que se iba a ganar antes de haber ganado, y además que esa victoria sería por varios goles. Son sensaciones, energías, presentimientos, lo podemos llamar de mil maneras, pero en el estadio se respiraba esa euforia desde que vimos los dos o tres primeros pases del equipo amarillo. Y quiero insistir en la palabra equipo y en la palabra entrenador. Lobera ha logrado armar un conjunto que a medida que pasan las jornadas se muestra más ambicioso, más seguro de sí mismo y más comprometido con su afición y con su sistema de juego. No le veo más limite que las próximas victorias. Hay mucho talento buscando lo mismo, y quien busca, teniendo además todo lo necesario para que esa búsqueda sea perfecta, habitualmente encuentra. Creo que fue en la primera entrada del blog en esta temporada cuando hablé de la intención. Somos lo que nos proponemos. Y este equipo se ha propuesto ganar y ascender de categoría. Queda mucha temporada por delante, pero ahora mismo cualquiera de nosotros avalaría esos propósitos. Hoy el fútbol volvió a ser una fiesta. De eso se trata, de soñar y de divertirnos. Y de seguir jugando a ser felices.
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