martes, 16 de abril de 2013

El hombre de la gorra azul y amarilla

Lleva varias temporadas aguantando las bromas de quienes se acercan cada tarde a merendar. Viven casi todos en la calle o en condiciones de extrema pobreza. No han tenido suerte en la vida. Debe tener casi setenta años y siempre llega con su gorra de la Unión Deportiva Las Palmas. No sé cómo se llama. Yo a esa hora paseo a mi perro cerca de donde ellos se encuentran y escucho lo que dicen antes de entrar a la parroquia que les ofrece esa comida vespertina que les ayuda a llegar a la noche o a bajar los efectos del alcohol de garrafón al que están enganchados muchos de ellos. Saben de fútbol, y los mayores pontifican poniendo como ejemplo a Alfonso Silva, a Guedes o a Germán. Ese hombre lleva años aguantando burlas por su fidelidad amarilla. Ahora llega ufano y sonriente casi todos los lunes. Cualquiera que lo viera podría decir que ha sido el autor de los goles de la Unión Deportiva. No los ha marcado, pero su alegría seguro que no tiene nada que envidiar a los gritos de Vitolo o de Thievy cuando logran batir al portero del conjunto contrario. Ya no tiene que bajar la cabeza cuando le dicen que el equipo no vale un duro o que los jugadores son unos gandules. Ahora es él quien desafía a los otros exhibiendo en todo momento el amarillo y azul de su gorra de plato. Yo creo que es lo único que se mantiene limpio y poco desgastado en su vestimenta. Cada vez que gana Las Palmas me acuerdo de él, lo imagino viendo el partido al borde del infarto y luego saltando o maldiciendo la suerte por las calles en las que malvive tratando de encontrar cada noche un portal o unos cartones donde cobijarse. No ganamos el pasado sábado; pero aun así tenemos el ascenso, por lo menos el que se logra promocionando, más cerca que nunca. Nadie podrá silenciarlo hasta que acabe la temporada. En el fondo, casi todos sus compañeros de merienda son igual de aficionados a Las Palmas, aunque con tal de hacerlo rabiar lo llevan molestando hace años cada vez que el equipo pierde o tiene un mal día. El otro día hablaba de los viejos y de su deseo de ver a la Unión Deportiva en Primera antes de morir; pero esa alegría, cuando acontece, se multiplica todavía más en quienes no tienen absolutamente nada. Ese hombre seguro que hoy anda por las calles algo aliquebrado; pero el próximo lunes volverá a cantarle las cuarenta a todo aquel que se le ocurra bromear con los colores o el escudo de su gorra.

sábado, 6 de abril de 2013

A ciegas

No pude ver el partido de esta tarde de la Unión Deportiva. Escribo a ciegas; pero contento. Solo sé que ganamos en el último minuto contra otro rival directo y que la promoción deja de parecer una entelequia. Ya escribí que una vez llegara este momento y se liberaran las tensiones, el equipo iba a depararnos grandes alegrías. También vivimos contra el Guadalajara el ensayo general de las consecuencias de la euforia. Tengo claro que el próximo partido contra el Hércules será muy diferente al del batacazo de hace una semana. Este equipo es ganador, y ante eso solo queda esperar grandes acontecimientos. Tenemos que luchar por la plaza de ascenso directo (al Alcorcón le acaba de suceder algo parecido a lo de Las Palmas la pasada semana y ha perdido en casa con el Racing cuando podía poner tierra de por medio). Pase lo que pase mañana no estaremos a más de cuatro puntos de la segunda plaza. Solo sé que ganamos uno a cero y que Thievy marcó el gol de la victoria. Con eso me basta. No sé si jugamos de maravilla o si ganamos sin merecerlo. Lo que me agrada es mirar una y otra vez la clasificación y comprobar que la Unión Deportiva se ha consolidado en los puestos altos de la tabla. También me alegro por los componentes de la peña de La Bañeza. Hacía tiempo que se merecían un triunfo como el de hoy. De nuevo les recuerdo que el fútbol, como la vida, suele poner a cada uno donde se merece. La Liga es una biografía que se traza con claroscuros. Solo hay que conservar la calma cuando llegan los malos resultados y no lanzar las campanas al vuelo por un par de goleadas. Lo que vale es el final, que como ya sabemos en el fútbol no deja de ser más que el principio del próximo partido o de la temporada siguiente. Creo que se avecinan días grandiosos. Hay muchos viejos que te repiten una y otra vez que no quieren morirse sin volver a ver a la Unión Deportiva en Primera. Va por ellos.


sábado, 30 de marzo de 2013

Sombras nada más

La vida misma. Luces y sombras. Es imposible no errar de vez en cuando. Hoy tocaron sombras. No se veía claridad nada más que en el cielo azul que acompañaba a los miles de espectadores que esta tarde “humanizaron” el estadio de Gran Canaria. No vale renegar de quienes hasta hace unas horas pensábamos que eran los mejores jugadores de Segunda. Si el estadio estaba casi lleno hoy se debe justamente al trabajo que han realizado los integrantes de la Unión Deportiva esta temporada. También vale esta derrota ante el Guadalajara (0-1) para valorar las otras victorias. En Segunda, aunque suene a tópico, no hay rival fácil, y quien creía que lo que quedaba de temporada iba a ser un paseo triunfal se equivocaba de medio a medio. Prefiero que esto suceda ahora. Digamos que me lo tomo como un ensayo general para la promoción. Cuando llegue ese día-que llegará en breve- o cuando nos estemos jugando el ascenso directo –no olviden los puntos que hemos recortado en pocas semanas- ya sabemos lo que puede suceder si no salimos con la concentración necesaria. Me ha sorprendido que jugadores como Momo o Nauzet, que por su experiencia en Primera deben ser los que eviten que el equipo se amedrente ante un llenazo, no fueran capaces de ayudar a controlar mejor el tempo del partido. Lo bueno es que estoy seguro que algo como lo de hoy no les sucederá dos veces y que, junto con Lobera, serán los primeros en reconocer los errores cometidos, sobre todo la falta de tensión, agresividad y convicción del primer tiempo. Ya digo que quedan muchos puntos en juego y que los demás equipos que luchan por el ascenso también tendrán sus “Guadalajarazos”. Les recuerdo a los tremendistas que el ambiente no gana partidos, y si no tiren de historia y vayan al Maracanazo o al Centenariazo del Real Madrid en la final de Copa contra el Depor de Manuel Pablo y Valerón –qué partidazo el suyo, como casi siempre, aquella noche-. Pero si quieren buscar parecidos más cercanos en el tiempo no olviden el encuentro de España contra Estados Unidos un año antes de ganar el Mundial en Suráfrica o el empate de hace unos días ante Finlandia. El Guadalajara sería nuestro Estados Unidos o nuestra Finlandia, esa decepción que llega cuando nadie la espera y cuando tenemos a nuestro favor la historia, la afición y el estado de ánimo. Claro que eso es lo que hace que el fútbol nos enganche tanto. También les vuelvo a recordar dónde estábamos hace cinco meses. Todo sigue igual. Lo de hoy no ha sido más que un ensayo para que el día que llenemos el estadio en el partido clave de la temporada todos sepamos de entrada lo que tenemos que hacer. Lo lamentable hubiera sido que esta decepción hubiera llegado en un encuentro decisivo de mayo o junio. Ahora seguimos arriba y contamos con los mismos jugadores que ganaron la semana pasada en Sabadell de forma prodigiosa. Los extremismos se emparentan malamente con el fútbol. Hay que mantener la mesura en todas las circunstancias y no volvernos locos en los triunfos ni desgraciados inconsolables en las derrotas. Hoy tocaban nada más que sombras. Como la vida a veces, el fútbol también tiene sus días de tristes boleros.

domingo, 24 de marzo de 2013

Capítulos prodigiosos

La suerte termina dando confianza y la confianza acaba luego acercando la suerte. Lo podemos escribir justo al revés que vendría a significar exactamente lo mismo. El fútbol es una mezcla de suerte, confianza, calidad y esfuerzo. Ahora mismo, la Unión Deportiva Las Palmas cuenta con todo lo que se necesita tener para acercar nuestros sueños futbolísticos adonde hace tiempo que queríamos cumplirlos. Quedan once partidos; pero les recuerdo que en la primera vuelta, a estas alturas, estábamos mirando hacia el pozo inquietante de la Segunda B. Todo lo que ha ocurrido desde entonces parece una especie de milagro; pero los milagros, como la suerte, hay que salir a buscarlos, y el equipo que entrena Sergio Lobera hace tiempo que sale decidido a cambiar de arriba abajo la frustrante historia de los últimos años.
No es fácil ganarle cuatro a cero a domicilio al Sabadell. Realmente no es nunca fácil marcar un gol en Segunda División, pero es que la Unión Deportiva es, hoy por hoy, un equipo de Primera, y a medida que pasen las jornadas y la confianza se asiente todavía más veremos todo lo que pueden dar de sí jugadores que se merecen vestir la camiseta amarilla en el Camp Nou o el Bernabéu. Si logramos asentarnos en posiciones de promoción no tengo ninguna duda de que este equipo, ya liberado de las presiones más inmediatas, será capaz de ir embelleciendo cada vez más el tránsito del balón por el terreno de juego. Hay talento y capacidad técnica como para soñar despiertos. De nuevo destaco el esfuerzo de todos los jugadores y la lectura de los partidos de Sergio Lobera. Agradezco a la directiva la paciencia que tuvo en los días más convulsos y me dispongo a esperar la fiesta que viviremos el próximo sábado en el estadio de Gran Canaria. Hacía tiempo que no disfrutábamos tanto con la Unión Deportiva. La última vez que subimos no practicábamos el fútbol preciosista que estamos viendo en algunos de los partidos de esta temporada. Y además me gustan los epílogos de los encuentros, el cabezazo providencial de Murillo en Almería, la obra de arte de Vitolo y Nauzet ante el Real Madrid Castilla y el golazo de Thievy esta noche en la Nova Creu Alta. Los finales hay que saber escribirlos para que las historias no se queden nunca a medias. La Unión Deportiva está finalizando cada uno de sus últimos capítulos de forma prodigiosa. Hacía tiempo que no deseábamos tanto acercarnos al final de temporada. A veces dan ganas de adelantar las hojas para ver lo que va a suceder antes de tiempo. De momento toca dormir a pierna suelta.


sábado, 2 de marzo de 2013

El fútbol como la vida

El fútbol sigue siendo una metáfora de la vida. Hoy Las Palmas se enfrentó a un equipo que vino a ganar y a divertirse. Y eso lo agradecemos los aficionados aunque no haya ganado la Unión Deportiva. Pero al margen del resultado (empate a tres goles), quiero regresar a ese parecido entre el campo de juego de la vida y el del fútbol. Dos nombres: Deulofeu y Juanpe. El primero es uno de los mejores jugadores que yo he visto sobre el Gran Canaria. Cada vez que tenía el balón entre sus pies parecía que se detenía el tiempo para dejar paso a la magia. Todo lo que hacía era inesperado y sutil. Regateaba casi sin esfuerzo e inventaba el fútbol en medio metro. Su primer gol es para enmarcarlo. El partido perfecto. La vida soñada.
En el otro lado estaría Juanpe. El defensa amarillo cometió un error de principiante cuando su equipo había logrado empatar a dos y contaba con mayoría numérica. Tras el fallo, los que estábamos en la grada casi sentimos la desolación y la punzada de dolor del defensa de Arinaga. Estaba en el partido que nunca querría haber jugado. La vida temida.
Pero ni uno tiene que encumbrarse ni el otro ha de venirse abajo. Mañana es otro día, y el destino de ambos puede ir en cualquiera de las direcciones que marque el azar. Juanpe ha de aprender de ese error y asumir con madurez que ya vendrán mejores días. A Deulofeu, si le respetan las lesiones y mantiene esa seguridad en todo lo que intenta, lo veremos dentro de poco inventando prodigios con Messi, Iniesta y compañía. Alguien dormirá hoy escuchando el eco de los aplausos, y alguien no pegará ojo en toda la noche reviviendo un minuto fatídico en el que hubiera querido detener el tiempo para cambiar el bote malhadado de un balón. El fútbol como la vida. Y como el sueño que varía cada noche según nos hayan tratado las horas del día.


domingo, 17 de febrero de 2013

Las segundas vueltas

Hay momentos en la vida en los que cruzamos los dedos de manera inconsciente antes de dar un paso. También hay partidos de fútbol en los que esos mismos dedos se mueven igual de nerviosos ante la incertidumbre. Hoy era uno de esos partidos. Había que ganar, y además había que demostrar que la reciente derrota en Alcorcón no fue más que un episodio anecdótico, o que por lo menos esa sensación de equipo endeble y sin confianza iba a quedar nuevamente alejada jugando en el estadio de Gran Canaria. Lo que no entiendo es por qué el mismo equipo que logra jugar al fútbol prodigiosamente en casa se estrella luego a las primeras de cambio cuando se las tiene que ver con un rival lejos de la isla. Confío en que partidos como el de hoy se graben en la mente de los jugadores para que se crean de una vez lo que todos nos venimos creyendo hace tiempo: que si salen a ganar y apuestan por la filosofía de fútbol que propone Sergio Lobera no habrá azar o contingencia que nos aleje de la promoción del ascenso (o del propio ascenso directo).
En la primera vuelta, fue el partido con el Girona el que más nos hizo dudar de nuestras verdaderas posibilidades, sobre todo porque veníamos de una derrota en casa contra el Alcorcón y porque se nos caía de las manos el sueño que habíamos vislumbrado tras la primera victoria contra el Racing de Santander. Ahora han cambiado las cosas, y otra goleada, en este caso a nuestro favor, nos devuelve, casi intacta, la ilusión que veníamos fraguando desde hace meses. Aun a pesar de la pájara de los últimos minutos, hoy hemos podido ver a un equipo solvente, creativo y con rematadores cada día más letales. Toca salir fuera con la misma intención con que salimos en el estadio de Gran Canaria. Y ya no se puede esperar más tiempo. No hay nada que impida ese cambio a la hora de encarar los partidos lejos de casa. Ahí estará la clave del ascenso. Hay equipo, hay una afición dispuesta a empujar en todo lo que haga falta y contamos con un entrenador que se ajusta a nuestra manera de entender el fútbol. Hoy tocaba mirar hacia arriba y se ha conseguido alzar sobradamente esa mirada. Solo deseo que esos mismos jugadores ya no vuelvan a bajar los brazos. Se puede ganar o perder, pero lo que no se puede hacer nunca es dejar que los partidos pasen de largo. Si no se desfallece, el tiempo siempre logra que encontremos salidas en medio de cualquier caos.

sábado, 2 de febrero de 2013

Jugando a mantener los sueños

Hay partidos que solo pueden disfrutar los aficionados de los equipos que están sobre el terreno de juego. Apenas hay ocasiones, se juega casi todo el tiempo en el centro del campo, se opta por el despeje azaroso y no se para de correr en ningún momento. Si no eres de la partida, saldrías corriendo del estadio sobre la marcha; pero si estás implicado, esos encuentros son los que también te hacen amar el fútbol. Hoy había dos equipos bien armados y conjuntados sobre el estadio de Gran Canaria. Se respetaban. Se tanteaban. Se temían. Y los aficionados valorábamos ese respeto, ese tanteo e incluso esos temores que convertían cada saque de esquina en faltas al borde del área. No hubo goles (bueno, hubo un golazo del Elche que por lo menos en el campo me pareció totalmente legal, uno de esos goles que se quedan grabados en la buena memoria futbolística por su plasticidad y por su ejecución, en una posición casi imposible, de media chilena, casi de espaldas; pero sabiendo dónde se quería dirigir el balón en todo momento). Pero ese cerocerismo no fue de los que te espantan de los estadios. Yo por lo menos me entretuve viendo el partido y tuve la impresión de que el tiempo se me pasó volando. Me quedo tranquilo porque Las Palmas le jugó de tú a tú al líder de la categoría y porque la actitud de los jugadores me permite mantener todos los sueños intactos. No quiero olvidar la iniciativa de Armas&Asociados, que logró que buena parte del estadio corease el himno de la Unión Deportiva en el minuto cuatro de la segunda parte. Conozco mucho a Manolo Armas, y estoy seguro de que en los próximos partidos logrará que todo el Gran Canaria se ponga en pie en ese minuto para escorar los ánimos de los encuentros a los anhelos amarillos. Esta tarde, si levantabas la mirada te encontrabas un cielo azul e intenso que de alguna manera contribuía a la puesta en escena del espectáculo. También pasaban nubes con esas formas que de niños nos hacían buscar similitudes de animales o mapas de países recién estudiados en los atlas que nos enseñaban en el colegio. A veces el fútbol también dibuja en el césped esos escorzos prodigiosos, eléctricos, como el control que realizó Momo en la segunda parte o como los que nos suele regalar Vitolo cuando tiene su día. Realmente son las expectativas las que luego anticipan las emociones: uno puede buscar lo sublime en todo lo que le rodea; también en un partido embarullado, en un empate a cero, en una tarde de febrero que podría ser perfectamente la primera tarde de cualquier primavera. Por un momento pensé que estaba viendo un encuentro de promoción. Será más o menos como el de hoy, así de intenso, así de incierto. Esto sigue siendo fútbol: sucesión de guiones tan improvisados como los que uno quisiera encontrar en la vida. Sin trampas, sin mentiras, sin silencios cobardes.